|
You need to upgrade your Flash Player
Click here to start downloading FlashPlayer!
|
En cuanto a lo que visitar en Beijing, aparte de lo que os recomiende la guía que llevéis yo os recomendaría el templo de Confucio, a dos pasos del Templo de los Lamas, en un hutong ancho y arbolado, un lugar muy especial, tranquilo y serenamente chino. Y las estructuras más lejanos del Templo del Cielo, procurando (casi imposible) que no haya nadie. Aire especial garantizado. Y, sobre todo, recorrer varias zonas de hutongs diferentes. Antes de que la piqueta de la modernización brutal y la fiebre de los estúpidos Juegos Olímpicos los hagan desaparecer.
El problema de la arquitectura, y del arte chino en general, es su monotonía. Los expertos son capaces de captar matices de diferencia realmente afinados en la forma del ala de un tejado, pero a los profanos casi todo nos parece idéntico. Para mí la manera de disfrutar esa monotonía es concentrarse. Quedarse mucho rato contemplando una estructura y su entorno. Tratar de relacionar sus partes como elementos de un todo exactamente medido. Nada de mística, pura estética. Disfrute frío y racional de la composición, de la distribución y ensamblamiento de elementos naturales y artificiales en un orden de elevada sutilidad visual. Todo eso contando con que se consiga un solo minuto de soledad en medio de la vorágine turística que aqueja últimamente a los chinos.
El encuentro más normal en cualquier monumento chino es la de interminables grupos de turistas chinos agrupados por gorras americanas del mismo color y capitaneados por una guía (siempre es una chica) armada de horrísono altoparlante por el que dispara sin piedad dolorosas ráfagas de monosílabos.
Para los aficionados a la arquitectura islámica, como es mi caso, la visita a la mezquita de la Calle de la Vaca es inexcusable. Cuando nosotros fuimos estaba en obras, pero haciéndonos pasar por musulmanes conseguímos que nos dejaran echar un vistazo. Complemento de la de Xi'an, la verdadera joya del arte islámico chino.
Para matarse a regatear por camisas de Gino Bruni falsas, playeras de diseños delirantes y relojes pa flipar en colores, Hongqiao, el Mercado de las Perlas, frente al Templo del Cielo. Aquí sí: aquí los vendedores hablan español, catalán, euskera y ya mismo hasta bable. Clones de ojos rasgados de los de el Mercado Cubierto de Estambul, el Khan Khalili de El Cairo o el Hawa Mahal de Jaipur. Encuentros con viajeros organizados de Marsans y Ercortinglé asegurados. Un buen lugar para el trabajo de campo de sociólogos (profesionales y aficionados) de la cultura del ocio contemporánea, del turismo de masas. Comparación de comportamientos entre guiris de diversas nacionalidades europeas. Viaje alucinante hasta la almendrita interior de la codicia... ¡Oh, Dios de todos los dioses!, ¿qué clase de enfermo mental seré yo?
You need to upgrade your Flash Player
Click here to start downloading FlashPlayer!
|